#EnPrimeraPersona #TuFasPaper | Blog de Vallivana Murgui Ortega, técnica en promoción de igualdad de género del Ayuntamiento de Almassora y vecina de Castelló de la Plana. Cooperante técnica, en el ámbito de la igualdad, durante un mes, mediante la XII Edición del proyecto “Especialista Municipal Voluntario/a” de 2025 del Fons Valencià per la Solidaritat, en el municipio de Concepción (Bolivia), junto con la contraparte local Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible (CEPAD).
Cuando llegué a Concepción, en pleno bosque seco chiquitano, lo primero que me sorprendió fue el color naranja intenso de sus calles, la calma de sus plazas coloniales y la inmensidad de un cielo que parecía abrazarlo todo.
La imponente fachada jesuita de la iglesia domina la plaza principal, con sus maderas talladas que parecen custodiar siglos de historia. Pero Concepción no se entiende solo con la vista, también con el oído: de día, el zumbido incesante de las motos acompaña el ritmo del pueblo; al caer la tarde, los guacamayos anuncian su presencia con graznidos que rompen el aire; y de noche, el ulular de las lechuzas se mezcla con el olor a los anticuchos más deliciosos.
Venía con la misión de realizar un diagnóstico para el Plan de Igualdad Municipal y acompañar la creación de la Dirección de Género. Me esperaba un mes intenso en el Servicio Legal Integral Municipal (SLIM) y la Defensoría de la Niñez y Adolescencia (DNA), y lo fue. Pero lo que nunca imaginé es que también sería un mes de transformación personal.
En mi día a día me acompañaron las trabajadoras del SLIM y de la DNA. Admiré en ellas no solo su profesionalismo, sino su calidad humana frente a lo insoportable. Su labor, especialmente en casos de violencia sexual contra menores, se sostiene sin horarios, con pocos recursos y una entrega que me conmovió profundamente. Una de ellas me dijo: “Aquí no podemos apagar el teléfono, porque cuando una niña necesita ayuda, no hay reloj que valga”. Pienso en esas palabras y recuerdo a Marcela Lagarde: “El feminismo es la lucha por la vida de las mujeres. Y luchar por la vida es luchar por la justicia, la dignidad y la felicidad de todas”. Ellas son, sin duda, luchadoras por la vida en su forma más cotidiana y valiente.
El trabajo de campo me llevó a recorrer comunidades, escuchar a lideresas y compartir con entidades como la Organización de Mujeres Indígenas Originarias Chiquitanas de Concepción (OMIOCHC). Entre tantas voces, me quedó grabada la de una mujer que en una entrevista me dijo con serenidad: “Aquí el descanso es dormir; casi no tenemos otra forma de ocio”. Esa frase me persiguió durante días, porque habla no solo de la falta de tiempo libre, sino de cómo las mujeres cargan con el peso de la vida comunitaria y familiar. Silvia Federici ya lo expresó con claridad: “El trabajo doméstico es la condición oculta de toda producción, el fundamento sobre el cual se construye la economía”. En Concepción, esa verdad se hace palpable en cada hogar, en cada comunidad.
Y también escuché esperanza. En las cumbres de mujeres, en las reuniones comunitarias, en los proyectos productivos. Descubrí a las artesanas de la Asociación de Microempresas, Pequeños/as Productores/as y Artesanos/as de Concepción (AMPAC), que bordan la identidad chiquitana en cada prenda, y me llevé conmigo unas camisas en tonos barrocos (por supuesto) que son casi un manifiesto de belleza y resistencia. En Santa Rita, las tejedoras me enseñaron cómo hilan con los dedos de los pies, una técnica ancestral que conecta directamente con la tierra. Sentí que, en esos gestos, aparentemente cotidianos, se guarda la memoria de generaciones enteras de mujeres. Como escribió Rita Segato: “Las mujeres hemos sido las guardianas de la memoria y de la vida comunitaria, las portadoras de los relatos y las prácticas que sostienen a los pueblos”.
Pero también tuve la fortuna de compartir momentos de alegría, porque más allá de los gráficos y los informes, conocer la realidad es también compartir momentos. Con OMIOCHC tuve la oportunidad de conmemorar su séptimo aniversario. En ese espacio entendí que la cooperación no solo se construye en oficinas o diagnósticos, sino también en los espacios de convivencia donde se tejen confianzas y afectos.
Mi estancia terminó con un evento que fue también un símbolo: el Encuentro de Promotores/as Comunitarios/as, con más de 70 participantes. La sala estaba llena de voces, risas, compromisos y abrazos. Yo había llegado con mi portátil lleno de excels, pero ese día comprendí que no hace falta tenerlo todo bajo control para que las cosas salgan bien. Bastaba con confiar en la fuerza de la comunidad. Bell Hooks lo resumió de manera luminosa: “La sororidad es el reconocimiento de que nuestra libertad está profundamente ligada a la libertad de todas las demás”.
Hoy pienso en Concepción como un lugar donde la lucha por la igualdad se teje con paciencia, como los hilos entrelazados de Santa Rita. Un lugar que me enseñó que la cooperación técnica va más allá de planes y diagnósticos: es sobre personas, sobre escuchar, sobre dejarse tocar por realidades que no caben en un informe. Y sobre volver, inevitablemente, un poco distinta.
Vallivana Murgui Ortega
La XII Edición del proyecto de cooperación técnica “Especialista Municipal Voluntario/a” del año 2025 del Fons Valencià per la Solidaritat cuenta con la cofinanciación de la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID) del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación del Gobierno de España, y con las colaboraciones de la Federación Valenciana de Municipios y Provincias (FVMP) y de la Confederación de Fondos de Cooperación y Solidaridad (CONFOCOS), de la cual forma parte el Fons Valencià.
