#EnPrimeraPersona #TuFasPaper | Blog de Vallivana Murgui Ortega, promotora de igualdad del Ayuntamiento de Almassora y vecina de Castellón de la Plana. Cooperante técnica, en el ámbito de la igualdad, durante un mes, mediante la XIII Edición del proyecto “Especialista Municipal Voluntario/a” de 2026 del Fons Valencià per la Solidaritat, en el municipio de Concepción (Bolivia), junto con la contraparte local Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible (CEPAD).
Un Plan de Igualdad intenta ordenar la realidad: establece medidas, responsables, presupuestos e indicadores. Sin embargo, cuando el documento comienza a dialogar con la vida, aparecen anotaciones que nadie había previsto.
En los márgenes puede acabar escrito que una formación tuvo que prepararse entre los baches, que una reunión duró cinco horas o que una conversación junto a un lago cambió el lugar hacia el que estabas mirando. Incluso que, mientras recorrías una represa buscando espacios para realizar actividades, terminaste hundida en el barro y a punto de perder las zapatillas.
Mi primera estancia en Concepción estuvo centrada en escuchar y elaborar un diagnóstico para el Plan Municipal de Igualdad. Esta segunda vez me permitió acercarme a su aplicación cotidiana. De ese encuentro surgieron algunos aprendizajes que probablemente nunca encontrarían una casilla propia dentro del documento.
Primera anotación: aprender dónde mirar
En Santa Rita me detuve junto al lago, fascinada por una jacana que caminaba sobre la vegetación acuática con unas patas diseñadas para no hundirse. Mientras la observaba, apareció una mujer empujando una carretilla. Le dije cuánto me gustaba aquel pájaro. Después supe que tampoco es un ave demasiado patriarcal: las hembras pueden aparearse con varios machos y son ellos quienes incuban y cuidan de las crías.
Las dos observábamos el mismo lago, pero no mirábamos lo mismo. Yo veía la jacana; ella, el repollo acuático que se había extendido y ya no les permitía acercarse a lavar la ropa. Mientras mi mirada se detenía en aquello que me resultaba bello y desconocido, la suya identificaba un problema que afectaba a su vida cotidiana.
No basta con llegar dispuesta a observar. También hay que escuchar a quienes pueden señalar lo que nuestra mirada dejaría fuera del encuadre. Aquella mujer tenía muy poca visión, pero continuaba yendo al chaco a trabajar. Paradójicamente, fue ella quien me ayudó a ver mejor.
Segunda anotación: planificar también sucede entre baches
El teléfono del SLIM y de la Defensoría sigue sonando. Una reunión se aplaza porque hay que acompañar un caso y el tiempo reservado para planificar vuelve a ocuparse con aquello que no puede esperar.
Mientras viajábamos hacia El Carmen, aproveché el trayecto para explicar a una compañera el taller que realizaríamos al llegar. Entre curvas, baches y papeles apoyados como se podía, repasamos las dinámicas. No era el lugar previsto para una formación, pero era el que habíamos encontrado.
La planificación continúa siendo necesaria, precisamente para no trabajar siempre reaccionando. Pero cualquier herramienta debe partir de las condiciones reales de las personas que tendrán que utilizarla.
Tercera anotación: quedarse el tiempo suficiente
La evaluación de la Cumbre de Mujeres comenzó alrededor de un desayuno beniano y terminó convertida en una reunión de cinco horas. Las organizaciones revisaron lo ocurrido y discutieron qué demandas debían continuar su camino hacia el POA. La conversación necesitaba explicaciones, desacuerdos y volver varias veces sobre una misma cuestión.
Las mujeres de Concepción llevaban años nombrando sus necesidades. La cooperación técnica podía ayudar a ordenar la información y acercarla al lenguaje administrativo, pero no decidir por ellas qué era prioritario. A veces participar consiste, sencillamente, en quedarse el tiempo suficiente para escuchar y comprender hacia dónde conviene orientar el trabajo.
Cuarta anotación: dejar tiempo para buscar orquídeas
En El Carmen salimos a buscar orquídeas silvestres. Mientras observaba una Cyrtopodium punctatum a punto de abrirse, moteada de amarillo y marrón, escuché a nuestras acompañantes decir que nunca habían paseado por aquel sendero.
Eran la presidenta de OMIOCHC y la presidenta de las promotoras comunitarias, acostumbradas a ofrecer su tiempo para acompañar al SLIM y a la Defensoría en sus visitas a las comunidades. Aquella tarde no había reuniones ni casos que atender. Solo un sendero cercano aún por recorrer.
Las políticas de igualdad hablan de participación y liderazgo, pero quizá deberían preguntarse también cuánto tiempo propio les queda a las mujeres que sostienen tantos procesos colectivos.
Después de toda una mañana impartiendo talleres, una mujer de El Carmen nos preparó sopa de almendra chiquitana. El alimento cerraba el trabajo y cuidaba a quienes habían compartido la jornada.
Quinta anotación: no plantar lo que ya estaba en la tierra
Me incorporé a una reunión de OMIOCHC sobre su proyecto de transformación de la almendra chiquitana en snacks, bebidas, repostería, aceites y cosméticos. Comenzó con unas palabras de evaluación. Se reconoció el trabajo realizado y se dijeron las cosas bonitas que no siempre encuentran sitio en las actas. Escucharlas hablar de su unión y de todo lo construido colectivamente terminó por emocionarme hasta las lágrimas.
Después compartimos un locro. Cuando llegó el momento de fiscalizar el proyecto, ellas se quedaron revisando las cuentas y las responsabilidades y yo me marché con tanta comida que tuve para tres días.
En cooperación se utiliza mucho la metáfora de plantar semillas. Sin embargo, allí no hacía falta que nadie llegara a plantar nada. La semilla ya estaba en la tierra, como también estaban los conocimientos, la organización y las iniciativas de las mujeres. El desafío era crear las condiciones para que ese valor pudiera transformarse sin abandonar el territorio y para que sus beneficios llegaran a quienes lo sostienen.
Tal vez un buen Plan de Igualdad no sea aquel que consigue anticiparlo todo, sino el que reserva espacio para las voces que todavía no han entrado en la sala, para el tiempo propio de las mujeres y para los conocimientos que ya estaban en el territorio.
Algunas de las anotaciones más importantes no estaban escritas antes de comenzar. Aparecieron en los márgenes, cuando la vida empezó a conversar con el documento.
Vallivana Murgui Ortega
La XII Edición del proyecto de cooperación técnica “Especialista Municipal Voluntario/a” del año 2026 del Fons Valencià per la Solidaritat cuenta con la cofinanciación de la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID) del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación del Gobierno de España, y con las colaboraciones de la Federación Valenciana de Municipios y Provincias (FVMP) y de la Confederación de Fondos de Cooperación y Solidaridad (CONFOCOS), de la cual forma parte el Fons Valencià.
